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Edición N° 33


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Autor: Yemba Bissyende
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jueves, 13 de abril de 2017

Por caminos de pájaros avanza la escritura de Orlando Sierra Hernández

POR CAMINOS DE PÁJAROS AVANZA LA ESCRITURA DE ORLANDO SIERRA HERNÁNDEZ
 
Por Conrado Alzate Valencia
 
Un libro que nunca se publicó y el inicio de una gran amistad

En el año 1996, fui finalista de un Concurso Departamental de Poesía, con un libro titulado “Declaración del caminante”. El dossier nunca se publicó, no obstante a que el jurado calificador dejó en el acta, constancia de lo siguiente: “Harold Alvarado Tenorio y Jotamario Arbeláez, llegamos a un empate en la calificación de dos de las obras concursantes…”.Y “…recomendamos la publicación de ambas obras, a ver cuál de ellas recibe el premio del público, como ahora se estila en las justas cinematográficas”. Muchos de estos textos fueron devorados por el ángel del fuego. Ese era el primer concurso importante de literatura en el que participaba.El departamento de Caldas todavía me debe la publicación de un libro.

Pero no hay mal que por bien no venga, como dice el célebre adagio; fue por este hecho que conocí personalmente a Orlando Sierra Hernández. Yo estaba en el Instituto Caldense de Cultura, hoy Secretaría de Cultura de Caldas, cuando se me acercó Orlando a saludarme efusivamente, a deplorar la irregularidad que se había cometido conmigo y a decirme que yo era su candidato para participar en un evento cultural que se iba a realizar por esos días en Manizales. En uno de los corredores de este centro cultural, vimos nacer una amistad fraternal.

La Casona

Casi todos los bares y cafés tradicionales de tertulia han desaparecido irremediablemente; han caído para que surjan otros negocios más rentables como casas de juego y almacenes. En la carrera veintitrés, frente al Club Manizales, existió un bar inolvidable llamado La Casona, donde nos reuníamos con frecuencia Antonio Leiva Rivera, Jaime Bedoya Martínez (El Pijao Rebelde), Augusto León Restrepo, Orlando Sierra Hernández, Luis Gerardo Salazar Muñoz, Gonzalo González Galvis, Juan Carlos Acevedo Ramos, entre otros escritores y abogados.

En las tardes, cuando los densos muros de niebla caían sobre la ciudad, nos encontrábamos en La Casona, para hablar de festivales de literatura, de novedades bibliográficas, de filosofía y por supuesto de poesía; íbamos a este mágico sitio para escuchar baladas románticas y escapar del frío pegajoso. El lagar de Baco era generoso, pues siempre nos recibía con una botella de ron. De este modo vencíamos los días inciertos y difíciles. Allí nacieron muchas de nuestras creaciones literarias. La desaparición de La Casona, es  un buen ejemplo de que la ciudad no existe, como expresa Adalberto Agudelo Duque. La ciudad nace y muere todos los días, cambia su pesada piel como las serpientes. Fue en este viejo bar de poetas, donde consolidé la amistad con Orlando.

Taller de poesía con Eugenio Montejo

Luego, en octubre de 1998, fui invitado a un taller de poesía para escritores, organizado por los VI Nuevos Juegos Florales de Manizales, orientado por el poeta venezolano Eugenio Montejo. Este taller se realizó en el Instituto Caldense de Cultura y a el asistieron: Dorian Hoyos Parra, Jaime Bedoya Martínez, Edgar González, Flóbert Zapata Arias, Uriel Giraldo Álvarez, Alberto Verón, Humberto González, Mario Armando Valencia, Juan Carlos Acevedo Ramos, Juana María Echeverri y Orlando Sierra Hernández.

La Patria registró esta actividad cultural con las siguientes  palabras: “El Taller de Poesía que dirigió el poeta venezolano Eugenio Montejo, fue como ‘la última cena’ cultural de los VI Juegos Florales que terminan hoy. Sin embargo como en la historia sagrada, la poesía no muere aquí, sino que seguirá difundida por los ‘apóstoles’ de este género literario quienes transmitirán las enseñanzas que les dejaron estas jornadas poéticas”.

Diez años después, muere Eugenio Montejo (Caracas, octubre 19 de 1938- Valencia, junio 5 de 2008), quien fue poeta, ensayista, diplomático, profesor universitario, gerente literario de la editorial Monte Ávila de Venezuela y fundador de interesantísimas revistas. Autor de El taller blanco, La ventana oblicua, Papiros amorosos, Alfabeto del mundo, Partitura de la cigarra, entre otros libros.  Además recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo.

En este taller que duró cinco días y donde tuvimos la oportunidad de leer nuestros textos y someterlos al sabio escrutinio del poeta venezolano, pude conocer más sobre la producción literaria de Orlando, sus lecturas y los motivos que lo empujaban a escribir.

Líneas biográficas 

Orlando Sierra Hernández (Santa Rosa de Cabal, septiembre 21 de 1959 – Manizales, febrero 1 de 2002). Se graduó en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas y Comunicador Social y Periodista de la Universidad Tadeo Lozano, profesor universitario, periodista, novelista y poeta. Autor de los libros de poesía Hundido entre la piel, El sol bronceado, Celebración de la nube, Poemas (Colección de Poesía “Tulio Bayer”)y de las novelas La estación de los sueños, Para justificar a William Blake, La copia del muro de Berlín, El club de la corbata roja y La maldición del oráculo, las tres últimas inéditas. Redactor Cultural, Jefe de Redacción, Asistente de Dirección, Director (e)  y Subdirector del diario La Patria.

Orlando era un buen hombre, gran conversador, elegante, inteligente y memorioso. Parecía un adolescente precoz y enamorado, cuyo delito fue ser defensor de la justicia. “Yo soy un niño terco / metido en ropa de hombre mayor. / Alguien que se da de golpes contra el mundo / por no desnudar sus miedos, / sus carencias”, como el mismo se define en su poema Confesión.

Las balas acallaron su voz

Recordemos, en un país hasta donde recordar es peligroso, que Orlando fue asesinado por las mafias políticas de Caldas, quienes no le perdonaron las denuncias demoledoras que él hacia desde su columna de opinión Punto de encuentro, de La Patria. 

Al respecto, el poeta Mario Riveroredactó estas notas para la revista Golpe de dados:“…en Manizales, su lugar de residencia, fue alevemente abatida la vida de Orlando Sierra Hernández, uno de los periodistas colombianos más originales, agudos y polémicos. Empecinado en convertir su columna ‘Punto de encuentro’, -que cubriera en el diario La Patria desde 1994- en punto de mira de una cruzada sin tregua contra el desgreño administrativo y la corrupción”. Y más adelante agrega Rivero: “Le apostó pues a una tarea de titanes –casi imposible en el país actual- y como era de esperarse, lo silenciaron. Acallaron su voz de analista político y social…”

Su poética

El poeta Carlos Héctor Trejos Reyes, me comentó alguna vez que con un libro de amor era difícil ganarse un premio. No sé si los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, obtuvo alguna distinción. Sin embargo Orlando Sierra Hernández, con Celebración de la nube, ocupó el segundo puesto en un concurso de poesía organizado por la Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía, en 1991. 
  
El amor es el tema predilecto en lacreación poética de Sierra Hernández. El amor es  principio y razón de todo, es anhelo, es paraíso, es salvación, es iniciación y vida; ante él, la muerte no tiene ningún poder, siempre sale vencida.

Ni la recia luna / que encabrita el mar y trastorna la mente del genio.  / Ni el cocotero con su lindero de estrellas / y aún ni la sombra del pájaro / que se ha hecho fruto en el árbol,me asombran tanto como tú. (Declaración de amor).

Asimismo el amor es luz, es poder, es asombro, es pureza y misterio exornado de figuras retóricas como el símil. Veamos este ejemplo.

Todo el amor / que llevo dentro / que gravite sobre ti / como la aureola sobre la cabeza del santo. // Sin sombras sea / como la hora del mediodía / cuando el sol está justo en medio / del alba y de la noche.// Que sea puro / Como el salto de un conejo,/ tan misterioso como el truco del mago,/ tan asombrado como la mirada del niño en el circo. // Que así sea este amor. (Entrando en detalle).

Un tema recurrente es el de los pájaros, tal vez porque son hijos del paraíso, hermanos de la luz y del aire.El poeta trabaja con la preciosa divisa de Octavio Paz: “Por caminos de pájaros avanza la escritura”. Los poetas son  seres alados según la idea platónica. Y si son seres alados,entonces son como los pájaros que vuelan hacia las alturas, por las sendas del misterio.

Los pájaros anidan en la luz. // Salen con el sol / a poner el día sobre el mundo./ (Despiertan los colores dormidos / de las cosas, / sacan la noche de los ojos del hombre). // Y en el ocaso / se fugan / por el hueco de la luna / hacia otros cielos. (Pájaros). 

O estaotra breve y estupenda creación, escrita con la “prístina lengua de los dioses”.
 
Cuando se creó el mundo / el aire // se hizo trinos / y el cielo fue un oleaje de plumas. // En estos tiempos / el aire // es sólo un vidrio ahumado / en el que chocan los pájaros. (De ayer a hoy).

Por sus páginas también discurren músicos, cantantes y poetas como Louis Armstrong, Carlos Gardel, Walt Whitman, Fernando Pessoa y Robert Lowell.  

Hombres hay que llegan a sus bares / con la piedra de la fatalidad pegada al cuello / y al escucharte reconocen que viven, / que tú existes / y que no todo está perdido. / Aún no eres ausencia Carlos / y es por eso que te esperamos, te seguimos esperando, / muy a pesar de que por ahí se diga / que andas tomando mate con Contursi en el cielo. (Voz de siempre)

El poeta invoca la muerte sin ningún temor, la invita a su mesa de trabajo para cantarle con humor, pero también para criticarle su impaciencia y su glotonería con los jóvenes.

No saques a bailar en tu fiesta a los jóvenes,  / ni aunque te pidan una pieza, / mejor a los viejos, a los muy viejos, / se duermen entre tus brazos / tan dulcemente,  / tan quedamente. (Invocación a la muerte). 
El agua es una magnífica poetisa que baja del cielo y de la cumbre,que discurre cantando por la sierra. El agua es vital, curiosa, sencilla, tierna y medicinal. Así es la poesía de Orlando Sierra Hernández. 

Manizales, marzo 21 de 2017.

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